“De repente, me encontré en una especie de taberna. Estaba llena de gente. Gente que parecía muy alegre. Reían y bailaban sin parar una música muy rítmica que tocaba con gran agilidad un pianista situado en un lateral del recinto. El piano sonaba como si estuviera algo desafinado, y muy brillante. El músico, que era negro, al igual que la mayoría de las personas del establecimiento, parecía no inmutarse ante tanto alboroto y alegría que rebosaba en el ambiente.
No sabía dónde estaba, aunque, viendo algunos carteles en inglés (en uno de ellos, algo más grande, se podía leer Maple Leaf Club / Sedalia – Missouri), los hombres y mujeres que participaban en la fiesta y, por otra parte, su indumentaria y el aspecto físico del local, llegué a la conclusión de que me encontraba en Estados Unidos, a principios del siglo XX...”.